Nuestra filosofía

¿Por qué asistir a un taller literario? La primera respuesta podría ser “porque quiero aprender a escribir” pero ¿se puede “enseñar a escribir”? ¿Es una fábrica de escritores un taller literario? Sabemos que los mecanismos que transforman a una persona en narrador o poeta son siempre misteriosos y las recetas en muchos casos tienden a ser inútiles. Es como si un narrador o un poeta se hiciera a sí mismo: esa construcción “misteriosa” es el resultado de la lectura, la escritura y el constante trabajo sobre los propios textos. Y nosotros creemos que un taller es el ámbito en el que alguien decidido a iniciar esa construcción puede encontrar motivación, contención y guía.

A nuestro criterio, el primer objetivo de un taller es doblegar ese miedo que nos paraliza a la hora de emprender la tarea de escritura. Cualquier disciplina que nos despierte fascinación parece compleja o inabordable a la distancia, pero es al ponernos manos a la obra que descubrimos que esa complejidad representa un condimento para hacer de la literatura una labor atractiva, disfrutable, casi un juego. Por eso mismo el primer paso es perder el miedo y poder escribir sin censurarse, sin pensar que el texto que encaramos “no valga la pena”, porque lo que hace de cualquier escrito un buen texto es, en gran medida, el trabajo de revisión y de “pulido” posterior. La primera función del taller es motivarnos a escribir y reírnos del miedo.

Si bien “enseñar a escribir” puede sonar dudoso, aprender a corregir nuestros textos resulta una labor interesante y realizable. El taller es un “laboratorio”, un ámbito en el cual podemos experimentar con nuestros relatos, deconstruirlos, analizarlos como si se tratase de mecanismos “vivos”.

El taller es también el lugar idóneo para recibir la crítica de nuestros primeros lectores: los compañeros. Cualquier escritor debe ser permeable a las críticas, no necesariamente para acatarlas: sino para saber discernir cuándo hacerlo y cuándo no con criterio propio. Al enfrentar una crítica, debemos dejar de lado respuestas como “este es mi estilo” o “me salió de esta manera y me gusta así”, en primer lugar, porque es importante moldear nuestra mirada sobre la propia obra y buscar argumentos que nos sirvan para comprender cómo funcionan nuestros textos. Sabemos que la inspiración pura no conduce a ningún lado: son el trabajo, la perseverancia, la disciplina y el espíritu crítico los mejores aliados de cualquier narrador. Sí, sin idea no hay historia, pero la idea sola no alcanza. Y el taller es el ámbito donde desarrollar los “accesorios indispensables” de nuestras ideas, fortalecerlas y ejercitar la imaginación.

Por si fuera poco un taller no sólo es el lugar apropiado para encontrar contención, disciplina y desarrollar ese espíritu crítico: también sirve para demostrarnos que escribir es placentero. Por ello, quien se anime a jugar tendrá más fácil la tarea literaria. Lo que buscamos en nuestro espacio es promover el carácter lúdico, animarnos a jugar en serio con las palabras.